Seamos princesas, aunque no existan los príncipes.

jueves, 28 de enero de 2010




Me considero muy buena para oír historias ajenas. Los relatos que llegan a mí me ayudan a ver el otro lado de las cosas, considerar las otras realidades, investigar en esta mente humana que es tan paradójica a veces, tan extraña y extravagante. Una mente que de compleja tiene mucho, pero de básica otro tanto. Es cosa de sentarse y escuchar para saber que no hay tantas diferencias que nos separan a unos de los otros. Percepciones de vida que convergen todas en un punto común: la búsqueda de la felicidad.

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En lo referente al amor todas las mujeres tenemos algo claro: nos gustaría ser princesas. Y el problema no va en que a todas nos guste el rosado- aunque a mí me encante- ni creamos en los cuentos de hadas, sino que todas deseamos ser tratadas como una princesa alguna vez.

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El sentirse princesa va más allá de los vestidos de seda, las joyas exuberantes, los bailes de medianoche y las galanterías usuales de corte. Ser princesa es poder caminar y sentirse importante, ya sea para la gente, ya sea para una sola persona. Ver admiración en ojos ajenos. Poder hacer y deshacer sin complejos. Reírse de uno mismo y del otro. Ser mimada por caricias, por gestos y palabras. Sentirse segura para mostrar el alma sin atadura alguna. Ser princesa es actitud. Levantarse y sentir que el mundo te sonríe. Saberse poderosa, porque un corazón, unos cuantos, o al menos el tuyo late por y para ti, para verte feliz.

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No creo necesitar un príncipe para creerme princesa. Después de todo me tengo a mí misma y un vasto mundo que me da lo que necesito para encontrar esa felicidad que busco.
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Es por esto que invito a todas a ser princesas de hoy en adelante.
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Una princesa no deja de serlo por no tener un príncipe. El príncipe no es más que un plus, el cual – en muchos casos- es innecesario.



L.E

1 comentarios:

Lilly dijo...

Totalmente de acuerdo!!

Las princesas se dan su valor, saben lo que valen y no se dejan usar por nadie...

Te quieroo amiga!