Límite

martes 22 de diciembre de 2009

Tengo un poco de miedo. Sólo eso.


Cruza el límite



¿Qué límite?


Sonrío con picardía y miro el espejo.


Ese mismo.


Just Do It.
Necesito desahogarme.
Leo y no entiendo. La materia no se mete a mi cerebro y no sé en qué momento mis neuronas se desintegraron
Llevo días en que no hago más que llorar como una loca. Es como si cualquier cosa me afectara.
Paso tantas horas al día sentada que mi cuerpo entero me duele. Ya no quiero respirar. Me quiero ahogar. Hasta he rogado porque una enfermedad me invada para no seguir.
Siento que ya no soy yo. Que morí en el camino.
Que alguna vez existió la posibilidad de que fuera alguien, pero esa posibilidad ya se perdió.
No puedo dejar de pensar en que ya no hay posibilidad de escape. Que si no me ayudo a mí misma me mato, pero por otro lado matarme suena tan reconfortante.
No tengo fuerza.
Perdí el ánimo.
Y fracasé cuando aún no comenzaba.














Al final no es verdad de que era tan fuerte.

Carta de una Suicida

jueves 3 de diciembre de 2009

Tú, lector, escrutador de intimidades ajenas, lee con atención.

Si hago lo que me propongo no es porque no tenga más motivos para vivir, todo lo contrario; si hago lo que me propongo es porque el mismo hecho de respirar me agobia. Hace días, meses, incluso años que la idea da vueltas en mi cabeza como los engranajes de un reloj. No puedo hacer otra cosa que pensar en cómo y cuándo hacerlo para que no sea tan impactante, ni menos tan superfluo. No quiero hacer de mi muerte un escándalo. No quiero hacer de mi vida una escena de mártires y héroes incomprendidos por la humanidad (aunque muchas veces sí me siento incomprendida). Sólo quiero terminar de una vez y para siempre con estos pensamientos que no me dejan seguir viviendo. Sí, prefiero morir que seguir viviendo pensando en morirme.
Sé que muchos dirán que soy una estúpida por tomar esta decisión. Más de alguien pensará que es una lástima que una vida tan joven termine de una manera tan drástica. Pero de seguro todo aquel que piense eso no sabe lo que se siente que el aire mismo te asfixie, tanto así que tus pulmones los creas arrugados y tu corazón herido, mutilado por latir a diario.
Si quieres saber porqué ya estoy decidida a llevar a cabo mi cometido deberás leer paso a paso las publicaciones hechas con anterioridad. Sólo si logras sentirme, comprenderme, hallar en ti lo que falta de mí, comprenderás a qué se debe que un día como hoy decida que no habrá un mañana.
Me duele hacer esto, y no por mí, sino por el resto. Pienso en mi mamá, en su angustia, en el grito que lanzará cuando descubra que ya no existo. Pienso en ella y creo que podría arrepentirme y seguir viviendo como ya lo llevo haciendo tanto tiempo. Pero no puedo seguir viviendo por alguien más, no puedo mantenerme en un ciclo muerto- a pesar de que respirar sea parte de él- porque me duele más pensar en ella que en mí.

Quizás ya sea tarde para vivir en un mundo donde las ideas desaparecieron y sólo queda la rutina. Tal vez los ideales mueran conmigo, como el amor murió con Shakespeare y la misericordia con Jesús.

Hasta nunca.

Lady E.
&
No teman, esta carta no es real, sólo es una vaga idea de mi mente.
Quizás es el comienzo de un proyecto. O tal vez una prevención.
LE

Ghost

jueves 26 de noviembre de 2009

A veces me pregunto si eres un fantasma. Si es que entraste en mi vida como una marca que siempre dejará huella en mi piel. Me pregunto una y otra vez qué será de tu vida desde que no sé nada de ti. Eso me pregunto, aunque intente negarlo.
Eres como un muerto que deambula entre el infierno y el paraíso. Sé que no te has ido porque el vacío de ti en mí sigue ahí, succionado bajo mi corazón y arremetiendo contra todo lo que alguna vez fue seguridad.
Si hoy no tengo sentimientos es porque tú los destruiste. Fuiste tan desgraciado que ni siquiera los guardaste y te los llevaste contigo; todo lo contrario, los viste, los sentiste, los acariciaste como si fueran delicados, pero en el momento oportuno los pisaste y los hiciste trisa en la acera.
Más de alguna vez pensé que todo era una careta. Que me temías, y que por eso te comportabas así. Pero no, no era ni una careta ni miedo. No era más que un no te amo…
Un no te amo que destruyó tanto en mí que ni te lo imaginas.

Sí, por tu culpa temo amar. Y quizás por ti jamás vuelva a amar a nadie más.

Mataste mis sentimientos.

¿Feliz con eso?

L.E