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Tengamos miedo

viernes, 13 de marzo de 2015

Tú y yo.
Temamos.
No abramos los ojos a la luz.
No escuchemos razones, porque las razones no existen.
No creamos en nada.
Ni en el sol, ni en la luna, ni en las artificiales luces de la ciudad.
No enfrentemos los dolores porque son muchos.
Sellemos las heridas con sal y dejemos que la piel escuece.
Escuchemos el sonido de los autos y olvidémonos de que hay que andar.
Caminar es imposible, volar demasiado arriesgado.
Temamos y no dejemos que los sueños nos manejen.
Encerrémonos en este precioso estado de locura donde nadie más existe.
Tú y yo. Solos y apartados.
No te conozco. No me conoces.
Pero tú y yo somos uno.
Encuéntrame.

La locura se hereda

jueves, 5 de septiembre de 2013

Simple y claro: se hereda. La locura viene en nuestro adn compartida por todos los antepasados antes de nosotros. Se reparte en la ropa vieja, los modales, las historias de vida, la forma de tomar el té, los nombres repetitivos, el violín que tocaba el bisabuelo, la casa de campo que vendieron, lo que no se sabe y lo que nunca se podrá saber. Eso, la locura se hereda.

En mi familia hay locos, tal como en muchas de las demás familias. Hay locos inofensivos y otros que parecen locos; algunos que nadie sabe que están locos y aquellos que demostraron su locura. Cada tipo de loco es un mundo. Cada uno tiene su propia historia y los más disparatados porqué. En toda familia hay locos. En todas.

Quizás en la mía soy yo.

Carta recibida en otra vida

domingo, 7 de abril de 2013

Princesa mía,

Perdone la demora en mi respuesta. Espero que usted no haya pensado alguna desgracia. Sucede que por los anteriores meses hemos sido asediados y restringimos las comunicaciones hacia lo militarmente indispensable; fueron arduos momentos, ahora doy gracias a Dios por esta ciudad amurallada que evitó nuestra más sublime desgracia. Hace tres noches llegaron los refuerzos que forzaron a los herejes a retirarse a su tierra, que no será suya por mucho.

Temo por el tiempo que deba permanecer alejado de usted, ya que una enorme distancia, sumada a un prolongado tiempo, no es precisamente la receta para un final feliz. Es por eso que le ruego que mantenga alejados a otros pretendientes, ya que regresaré por usted.

Anoche tuve una visión... una blanca casa en una colina rodeada por bastas tierras fértiles y hermosas; un lugar sano par criar niños y envejecer. Vi enormes plantaciones de rosas y lagunas pobladas de blancos cisnes mostrando con orgullo sus oscuros collares negros. Grandes pastizales donde los caballos corren libres a su voluntad; aunque lo más maravilloso a mi visión fue otro detalle... el verme ahí rodeado de niños y niñas... y flanqueado por el más hermoso ser de la creación jamás visto: usted. 

Desde este segundo consagro mi vida al cumplimiento de ese sueño. Si usted desea compartirlo conmigo, claro, prometo volver y realizar con mis propias manos lo que el futuro me mostró... y juro que no permitiré que nada en este mundo o el próximo nos separe. 

Deseo ser el hombre más feliz a su lado... recibir día a día el regalo de sus besos y entregarle eternamente mi más sincero amor...

Eternamente suyo,

(...)

- Y en el interior del sobre, escondido como si no se quisiera dar a conocer, decía:   -
"Porque la amo de corazón no existe día en que no la recuerde, ni noche en que no sueñe con mi regreso.



Repeticiones

lunes, 25 de marzo de 2013

Muchos ya han dicho que la historia es cíclica.
Curiosamente lo leí en el diario ayer, en una columna política. Hoy, aunque de política nada, puedo decir que sí, la historia es del todo cíclica.
Hace ya dieciséis años que la primera escapada trajo consigo un cambio total de vida. Una llamada telefónica y una huida, veloz y extraña, hoy incluso me parece algo brumosa. Escapar, el escapismo en sí es parte de mis genes. Mi abuelo se autodefinió como un escapista, y la sangre siempre tira, como dicen por ahí.
Ver llorar a la persona que más amas y saber que tus palabras escaparán de sus oídos como aire no es fácil. Pero más difícil es saber que tus palabras dan igual, porque a veces no se necesitan palabras sino actos con soluciones. ¿Cómo actuar? Aconsejar cuando tú no haz vivido más que una fantasía disfrazada no da crédito a lo que digas ni a lo que hagas. Es ahogarse en palabras sin utilidad práctica. A veces es mejor no hablar siquiera.
Hace ya dieciséis años atrás la decisión fue tomada de forma repentina. Como un salto al vacío, con los brazos estirados en el cielo esperando que algo fuera a sujetarnos al caer. Quien nos ayudó en esa entonces hoy no existe. Desapareció, como el suspiro en el cual se transforman las almas cuando el cuerpo ha muerto. Y hoy, sin él resguardando, no sé con qué seguridad podemos dar el salto. Aunque soy más fuerte, más grande, más consciente y por ello conozco con mayor definición los peligros de saltar, también soy más miedosa, quizás porque tengo mucho más que perder de lo que antes tenía.
Pero no. No hay que tener miedo. Hoy ya no, porque hoy sé quien me acompaña.

A enfrentar lo que se venga. Sí, y siempre con una sonrisa en la cara.

Josué 1:9

jueves, 29 de marzo de 2012

"Yo te pido que seas fuerte y valiente, que no te desanimes ni tengas miedo, porque yo soy tu Dios, y te ayudaré donde quiera que vayas"






He leído muchas frases en mi vida. Tantas frases que no soy capaz de recordar ni un cuarto de ellas, aún cuando hubiesen llamado mi atención. No sé porqué, pero siempre las palabras han tenido un efecto muy poderoso en mí. Es como si cada sílaba, cada letra, implicara mucho más que su unión para crear algo que llega al fondo absoluto de mi alma. Admiro el lenguaje, pero recelo de la capacidad que una simple conjunción de letras tiene para provocar amor u odio, como si las palabras fueran cuchillos o flechas de amor. Sin embargo hay frases que no puedo sacar de mi pecho, no por su crudeza, sino por lo llena que me hacen sentir. La frase escrita más arriba es el mejor ejemplo. De todas las frases oídas, de todos los poemas leídos, de todas las conversaciones tenidas, debe ser esta la primera frase que guardo como un un bien preciado y la mantengo en mi billetera para releerla cada vez que desespero. Esta frase está tatuada en mi ser recordándome cada día que no estoy sola. Sus palabras me dan calma, porque me hace saber que debo ser valiente para que la esperanza que brilla en mi interior no desaparezca. Porque hay alguien- ÉL- que está a toda hora y en todas partes amándome y velando por mí.

Y yo seré valiente y no desanimaré. No lo haré... gracias por ayudarme.

L.E

"Cobarde con nombre de valiente"

miércoles, 22 de febrero de 2012

¿Cuándo dar el salto de fe?


A veces es difícil comprender porqué el camino te va poniendo piedras con las cuales tropezarse. ¿Sería mala intención, tortura o una leve inclinación de uno mismo que lleva a eso?. El libre albedrío es confuso, pues tenemos la libertad de decidir hacia dónde queremos ir, pero ello no nos asegura que el camino tomado sea el correcto, ya que cómo conocer la voluntad de Dios. Un cristiano muy creyente me señaló que uno de mis grandes errores era hacer mi voluntad- carácter testarudo y perseverante que me lleva a eso-, mientras lo más sabio es dejar que Dios nos tome de la mano y nos muestre el camino a seguir.

Si estar con alguien implica humillación, lágrimas, sudor e ira, claramente aquel no es el camino que Dios tiene para nosotros. Puede ser que amar cueste, y que para algunos signifique miedo, y que por ello amar nos haga cobardes. Pero si más que miedo de perder a alguien es testarudez, entonces estamos haciendo nuestra voluntad, y es mejor detener ello antes de que sea demasiado tarde.

La otra pregunta a hacer entonces es cómo saber que el camino tomado es el correcto, y cuándo dar el salto de fe. Yo soy una acérrima creyente de que en el preciso momento en que conozcas a la persona a la cual Dios te ha guiado, lo sabrás. Que aquel amor tan potente, tangible e ideal te hará confirmar del todo que ahora no estás equivocado. Tal vez esa sensación pueda confundirse con la pasión y el enamoramiento, pero lo peor es cerrar los ojos y el corazón por el miedo. Ya que el miedo a amar es el peor enemigo del amor en sí. Pues como se señala en 1 Juan 4. 18: "La persona que ama no tiene miedo. Donde hay amor no hay temor. Al contrario, el verdadero amor quita el miedo". Así que cuando no exista miedo en mi sentimiento de amar, entonces sabré que la voluntad de Dios se ha hecho presente. Y con aquella certeza y confianza en él, seré una valiente en un mundo donde el miedo abunda en todas direcciones.

L.E

Silencio

domingo, 12 de febrero de 2012

Ella siempre había dicho que le gustaba el silencio. Disfrutaba de poder escuchar sus propios pensamientos, y ver como ellos se hundían en la masa oscura de los recuerdos. Pero la verdad era que no le gustaba aquella soledad que acompañaba el silencio absoluto. Donde no importaba lo soleado que estuviera el día: la soledad, el olvido, se lo tragaba todo. Como si no pudiera terminar de engullir y engullir risas y momentos, Como si en cualquier instante la luz del día se fuera a apagar y ella quedaría perdida en medio del vacío que la rodeaba.

En silencio estaba aprendiendo a apreciar el ruido.

En medio de todo lo que nada significaba para ella estaba reconociendo lo gratificante de una voz.

En el centro de sus propios pensamientos percibía que sentir muchas veces era superior a pensar, porque era puro, tan puro como el ruido del agua.

Y ahora sólo quería sentir. Ya había perdido demasiado tiempo pensando.

Te quiero

L.E


Agua

miércoles, 1 de febrero de 2012

Se ahogaba sin darse cuenta que ya había llegado a orilla.

Me.
Total... siempre estoy en el último lugar.

Último día de Enero

martes, 31 de enero de 2012

En el preciso instante que ella abrió los ojos reconoció como nunca a quien la miraba. Y no sabe porqué sonrió. Quizás sólo eso hacía falta para que ella sonriera.
&


Ok. ¿Qué estoy escribiendo?. Es gracioso como las palabras simplemente parecen tener vida propia y se escapan de los dedos sin que uno pueda realizar algo al respecto. Tal vez podría negarme a escribir. Cerrar la laptop y evitar que todo tipo de cursilerías se materializaran en la pantalla. Pero me gustan las cursilerías. Siempre me han gustado. Me gustan las palabras lindas dichas a los ojos, los regalos inesperados (no por su cuantía, sino por su significado), el esfuerzo que conlleva preocuparse de que la otra persona- aquella que tiene un lindo lugar en tu corazón- se sienta feliz porque estuviste pensando en ella. Soy una persona de detalles. Más observadora de lo que muchos creen, y por lo mismo terriblemente más complicada. Analizo demasiado y eso a veces me ahoga. Pero ahora estoy dejando de analizar. Estoy cerrando los ojos y esperando que al abrirlos lo que vea me robe una sonrisa. Puede ser que el trayecto del camión- ese camión que me aplastará antes de que Marzo esté presente- sea la última visión que me haga sonreír.
No es fácil explicar este sentimiento que me embarga. El saber que ya soy quien soy, y que ya no quiero nada más de mí misma. Que di todo lo que pude dar y aún más de lo que creí que tenía. Que cumplí mis sueños - ¡todos ellos!- y aunque aún habían algunos detalles para hacerlos perfectos, no sé si luchar por esos detalles sea necesario. Viajé, reí, lloré y amé, sentí mis dedos enterrarse en la arena de color blanco y percibí el sol que se cuela por las ventanas de edificios milenarios. Me amé a mí misma y aprendí a aceptarme. Subí a escenarios a hacer el ridículo. Escribí un libro. Crié, no a un hijo, pero aprendí lo que es la crianza aún sin haberla vivido en carne propia. Me vestí de novia- por muy disfraz que sea igual cuenta-. Bailé un vals. Me perdí en una ciudad extraña. Viví el miedo y la seguridad completa. Estuve al borde de la muerte. Estudié en la Universidad que siempre quise, y aprendí cosas que jamás pensé que entendería. Me valí por mí misma (al menos emocionalmente). Y vi todas las justicias e injusticias del mundo a través de mis ojos y de los cientos de libros que leí. ¿Acaso hay algo más que dar? ¿Existe en este mundo algo MEJOR?. ¿Envejezco porque algo bueno me espera o porque es la ley natural?
No es miedo a ser vieja, sino miedo a no tener nada más que dar. Porque en este instante siento que ya di todo, y que lo que se viene, si es que se viene algo, es sólo el epílogo a una historia que encontró su fin, y que tal como terminaba estaba perfecta.

L.E

Abriendo los ojos

jueves, 22 de diciembre de 2011

Simplemente aburrida.

Sí, de mí misma.

Today

lunes, 12 de diciembre de 2011

Probablemente el peor miedo es el que nos tenemos a nosotros mismos cuando de pronto nos damos cuenta de las cosas que somos capaces de hacer.

Dejar de pensar y vivir simplemente cuesta un poco más de lo que creía. Pero haré el intento.

L.E

10/10/2011

domingo, 9 de octubre de 2011

00:01

Es tan extraño estar en la casa de veraneo sin sentir el verano en la piel. Este retiro me ha ayudado a meditar muchas cosas, como lo que deseo de mí, en contraposición a lo que otras personas desean para mi futuro. Es más fácil pensar cuando los ruidos de la ciudad no te atontan. La playa y la soledad hacen descansar la mente y el cuerpo. Cada día que pasa me acostumbro más a la quietud.
Cualquiera diría que los días se haría largos en una rutina tranquila de conversación, descanso y letras; pero ese no ha sido el caso. Me siento llena. Calmada. Es como si de a poco me pudiera volver a ver a mí misma frente al espejo. Ahora los pensamientos llegan con mayor claridad, meditados y transportados por este aire nuevo. Ya no me es difícil decir lo que pienso a pesar de que mi opinión no será bien tomada. Sé que me queda muchísimo por aprender, pero me voy sintiendo más adulta, más madura, como si el paso del tiempo no hubiese sido en vano.
Antes de venirme creí que me sentiría sola. Que alejada de aquellas personas con quien había compartido tanto durante tanto tiempo el mundo perdería parte de su color. Pero curiosamente me doy cuenta que el césped sigue igual de verde, y que el lago, calmo como una taza de té, aún brilla bajo los rayos de sol desde la vista que me da mi ventana. Quizás ya me estoy acostumbrando a estar sola, y por lo mismo ya no me es extraño estar alejada del mundo.
Cambiarme de un sitio a otro sin tener un lugar fijo a erradicado de mí el sentimiento de pertenencia. Siento que no pertenezco a ninguna parte en especial, y que a todo lugar al que vaya seré una visita. Mi maleta, variando el tamaño según la ocasión, seguirá lista para ser armada y llevarme nuevamente a un distinto destino. Y por más que mi estancia en el lugar perdure de unas semanas a meses, e incluso años, seguiré siendo aquella persona que en un momento debe volver a tomar la maleta e irse de allí. Mi hogar aún es un lugar incierto.

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E intentaré no seguir preocupándome por ideas que llegan a mi mente ya negras y engorrosas de tanto pensar. Concentrarme a lo que vine y dejar que las meditaciones sean más claras que caóticas. Buscar en mí misma el sentido de ciertas cosas que sólo a mí me aquejan. Y de una vez por toda no agachar el moño y luchar mientras la torre se desmorona. Porque los cimientos ya están firmes para dejar la base intacta y desde ahí volver a crecer.

La libertad - de pensar, de vivir, de soñar, de sentir - ha llegado. Y no permitiré que nadie me la robe. Ni aún las trampas que hace el mismo corazón temeroso de ser herido.

L.E

Thriller

viernes, 23 de septiembre de 2011

Tengo sueño. Mis ojos se cierran de a poco. Y a pesar del chocolate que hace un minuto naufragaba por mi boca, siento un sabor amargo.
Mi cabeza y mis instintos están confundidos. Ya no estoy segura cuál es cuál, y por lo mismo no sé a cuál seguir. Me siento ciega, con el sentido del oído más agudo, y sin tener del todo claro de dónde proviene cada uno de esos ruidos que escucho.
¿La alerta es del corazón, del miedo, o de la realidad que se acerca? Es como si una música de thriller me viniera pisando los pies, y yo no pudiera correr lo suficientemente rápido para escapar de ella. Mis pasos se retardan, como si la película se pusiera en cámara lenta, y el color de la pantalla se torna en la gama del gris. Al final, como si de un espejismo se tratase, veo la silueta de una persona fumando un cigarrillo. Su rostro está cubierto por un sombrero, y viste un esmoquin perfecto, bajo el cual de seguro esconde su pistola.
¿Corro hacia él? Porque puede ser el héroe o el villano de la cinta. Quizás me mate o quizás mate a quien viene detrás de mí. ¿Y si corro hacia otro lado? No me arriesgo a ser aniquilada, mas tampoco sabré si podré salvarme. Ni siquiera estoy del todo segura si alguien realmente me persigue.

Quizás pondré la película en pausa unos minutos y decidiré con mi cuerpo sentado en un cómodo sillón analizando cada una de las posibilidades. Pero sé que al poner el play una vez más el personaje se moverá por inercia hacia adelante o hacia atrás, y sin importar qué haya decidido... cobrará vida propia.

Nota 7

miércoles, 17 de agosto de 2011

Quiero respirar con calma, pero me cuesta. Es difícil aparentar una vivencia normal cuando sólo deseas desaparecer. Cerrar los ojos, tragar una bocanada de aire, y hacerse humo entre la lluvia del invierno y las nubes grises que cubren este frío día de Agosto en la Capital.

¿Quién dijo que los torbellinos sólo nacen del viento? A veces no es así, pues hay algunos que desordenan de forma susurrante, sutil, sin llamar la atención, pero desmoronándolo todo con su paso.

Me entierro mis propias uñas en las palmas de mis manos y quiero sentir dolor, un dolor tan intenso que me haga gritar como hace tiempo no grito. Pero ni el calor de la sangre corriendo por mis manos hace que el dolor se apodere de mi cabeza.

Es como si ya no sintiera, ni por mí ni por nadie. Como si intentara ocultar la angustia en espejismos de felicidad. Buscar la esperanza en un camino eriazo, donde la tierra se extiende hasta donde alcanzan a ver mis ojos. Pero al fin y al cabo sé que todo esto no es más que miedo, un miedo profundo que rasguña mis entrañas y se cuela en mi cabeza. Uno de esos miedos que parecen una pesadilla constante, amenazando con paralizarme y dejarme estática, sin poder hacer nada al ver el suelo resquebrajarse a mis pies. Ni gritar, ni llorar, si sentir más que terror y un sudor frío correr por mi espalda.

Lo admito. Tengo mucho más miedo del que puedo mostrar... pero no puedo hacer nada al respecto.

Sólo sigo intentando respirar una vez más.

L.E


04/07/2011

lunes, 4 de julio de 2011

De un tiempo a esta parte el destino sola me ha dejado.
No sé quien soy.
Perdí mi brújula.
Me siento absolutamente ciega.

(...pero buscaré como encontrar el camino a seguir, aunque me pierda en el intertanto)

L.E

Just that

lunes, 20 de junio de 2011

<3

Nota 6

jueves, 16 de junio de 2011

El alma lanza al aire un último grito agónico antes de ser destrozada.

El polvo de los sueños se eleva en el aire y se pierde en el vacío.

Ya nada importa.

Soñar nunca fue más que eso.

La sangre se enfrió....

... todo parece un campo de hielo: congelado, blanco y absolutamente muerto.

L.E

La Historia No Escrita

jueves, 9 de junio de 2011


Hace un tiempo atrás, sin especificar fecha, quería escribir una historia. Durante días dio vueltas en mi cabeza, como un remolino de escenas que buscaban, sin encontrarlo, su unión. El pasado se entremezclaba con uno de esos futuros inciertos que brillan con cierta familiaridad que nos ciega. "¿Por dónde comenzar?" me preguntaba observando la planilla en blanco. Mordía mi labio inferior. Ponía música inspiradora. Rememoraba instantes que se habían marcado con claridad en los recovecos de mi mente. Pero no tenía nada, absolutamente nada que escribir.
Un día, sin más, decidí ponerle título a esa historia que se negaba a la conexión de mis dedos y las imágenes que circulaban por mis pensamientos:

"El Loco y su Torre"

Así, nada más. Un nombre inspirado en cartas y en números astrales. La torre que se alzaba hacia el cielo fue derrumbada por el rayo celestial, y ahora, casi arruinada, volvía a elevarse con pilares mucho más fuertes hacia las nubes. El problema estaba en que el Loco, el mismo Loco del pasado que había hecho marcas en cada una de sus paredes, quería volver a habitar aquella Torre que tantas emociones le había causado. Pero la Torre, por más que deseaba verlo volver, no se podía forzar a ella misma a abrir su puerta. El Loco nunca había tenido la fuerza suficiente para jalar de sus manillas y entrar de una vez y para siempre en ese lugar. Sus estadías, que a la larga fueron sólo temporales, ahora ya ni siquiera hacían eco en los pasillos nuevos y relucientes que la Torre estaba por estrenar. No eran más que un recuerdo en el suelo remodelado, y un suave adiós de la única pared que quedó en pie. En ella, antes de que el rayo derrumbara gran parte de su arquitectura, el Loco había tallado con un cincel "Siempre serás mi Amor". Y ahora, tras las nuevas confecciones, sólo la palabra "Amor" se había mantenido intacta en la madera.
Pero era gracias a esa palabra que la Torre jamás había perdido las esperanzas. Una palabra que en sí misma significaba todo, y a la vez nada con respecto a él. La Torre, que de a poco se iba acomodando a esa nueva infraestructura que la formaba, elevaba su mirar al cielo y se sentía cálida y acogida por los tibios rayos de sol.

Y yo, hoy, sin saber del todo si es casualidad o un mensaje de una fuerza inmaterial, escribo la historia del Loco y la Torre que antes no pude escribir; y me atrevo a decir, sin lugar a duda, que el primer error de esa historia fue agregar una palabra de dos letras que no tenía que estar ahí. "Su" estaba demás desde el inicio, porque la Torre no era de nadie más allá que de ella misma, y el Loco hace tiempo que había dejado de habitar en ella. Su voz en las habitaciones desiertas eran sólo un eco nostálgico, y la Torre ya no quería vivir de nostalgia. No. La Torre buscaba que el rayo que la destruyó le diera un par de respuestas, mientras inevitablemente se acercaba más y más al aire celestial.

Por suerte en las buenas historias las respuestas (al menos algunas) aparecen tarde o temprano. Y en este caso una de ellas apareció en compañía de la luz de las estrellas y del golpeteo de un puño en la nueva construcción. La Torre se despertó de su espera y sintió como alguien quería jalar la manilla.

La luz de la luna emitió un nuevo fulgor.

L.E

Cuando un amor muere...

miércoles, 25 de mayo de 2011

... sabes chiquita a dónde va?




Si las letras fueran vida - así como el verbo se hizo hombre- podríamos saber qué pasa con aquellas palabras que se suicidan. Esas palabras que una vez dichas, incorpóreas y volátiles, siguieron un camino inseguro que provocó que fueran olvidadas.


Las palabras que iban ligadas a algo más profundo que vocales y consonantes interactuadas. Esas palabras que hacían later el corazón y que, de uno a otro momento, ya no provocaban nada.


La pregunta que Bécquer hizo alguna vez:




Dime, mujer, cuando el amor se olvida,


sabes tú a dónde va?




Tan sabia y misteriosa pregunta sin una respuesta concreta.


Aún puedo oír aquellas canciones. Esas canciones que en su época eran todo un mundo.




"Y llegaste tú y me sorprendió el poder que hay en este amor"




Y que ahora no son más que canciones de recuerdos. Sólo recuerdos.




"But all I want is for you to shine. Shine down on me"




Acordes y letras que significaron más de lo que se sentía incluso, porque la música magnifica todo lo que se siente.




¿A dónde te fuiste?.


La memoria deja que tu rostro se dibuje, y aunque una sonrisa se roba de mis labios, ahora no le acompaña más que un dejo de nostalgia.


Porque el amor se esfumó como el agua que se evapora por el sol. El amor que sentí por uno u por otro no es más que una pieza del rompecabeza de la vida.


El amor - aquella emoción que a nadie hace indiferente- se giró en medio de la calle y caminó en dirección contraria. Tras ello las cenizas de un cigarrillo a medio fumar se perdieron con los pasos de los ciudadanos, y no hubo rastro alguno de su dirección. El rumor del corazón se apagó con el sonido de los automóviles. Y ahora todo parece una gran interrogante: ¿desapareció?.




Sí, lo hizo.




L.E