Tengamos miedo
viernes, 13 de marzo de 2015
Etiquetas: Letras de mi cosecha, Un poco de míTemamos.
No abramos los ojos a la luz.
No escuchemos razones, porque las razones no existen.
No creamos en nada.
Ni en el sol, ni en la luna, ni en las artificiales luces de la ciudad.
No enfrentemos los dolores porque son muchos.
Sellemos las heridas con sal y dejemos que la piel escuece.
Escuchemos el sonido de los autos y olvidémonos de que hay que andar.
Caminar es imposible, volar demasiado arriesgado.
Temamos y no dejemos que los sueños nos manejen.
Encerrémonos en este precioso estado de locura donde nadie más existe.
Tú y yo. Solos y apartados.
No te conozco. No me conoces.
Pero tú y yo somos uno.
Encuéntrame.
Nunca lo perdiste
viernes, 4 de octubre de 2013
Etiquetas: Letras de mi cosechaLo buscas en los bolsillos donde la arena se esconde.
Cavas en las profundidades de telas, carne y recuerdos.
Cierras los ojos y crees poder escuchar su voz.
Lo observas: sus ojos nunca tuvieron nada de especial,
pero te gustaban. Te enamoraste de esos ojos comunes y corrientes.
Esos labios que no besaban mejor que otros excepto cuando te besaban a ti.
Frases que te dijo cuando la distancia los mantenía aparte.
"Creo que me enamoraré de ti".
Mentiras.
El agua borra lo que una vez se tuvo.
La arena se escapa de los bolsillos y se pierde en el suelo.
No hay telas ni carne donde los recuerdos se desdibujan.
Ya no escuchas su voz. No sabes siquiera si la reconocerías si te hablara.
Esos ojos se volvieron opacos y pequeños, oscuros como los de un buitre.
Besó a otras y sus besos dejaron de ser especiales.
No quedan frases en el aire sólo mala memorias.
Y nunca se enamoró de ti.
Esa es la única verdad.
El Poeta - o crónicas de un pasado lírico-
miércoles, 14 de marzo de 2012
Etiquetas: Letras de mi cosechaSiempre me había llamado la atención como se sentaba. Con seguridad echaba su espalda hasta el respaldo de la banca, tomaba un cigarrillo con sus huesudos dedos y aspiraba una bocanada de humo que luego expiraba con esa indolente tranquilidad. Vistiendo su impecable terno bien planchado parecía un detective camuflado que investigaba a un hombre de clase alta, imitando esas posturas elegantes y resignadas que decían más de él de lo que uno quería creer.
Era común verlo solo entre la gente como un ente apartado que se dedicaba a observar, tal como yo lo observaba a él. Sus ojos oscuros se enfocaban en los gestos ajenos, estudiándolos con agudeza, como si quisiera sacar de ello los pensamientos que rondaban en sus cabezas. Su mandíbula marcada se tensaba frente a un hecho extraño, de forma instintiva, casi refleja. Y sus manos dejaban caer la colilla al suelo de cemento, sin pisar la puntilla que aún brillaba entre el tabaco seco.
Había algo en su aura misteriosa que me atraía de manera irremediable. No sabía qué era, pero lo quería descubrir. Hasta el día de hoy no sé qué es lo que me hace invocarlo con tanta exactitud, como un fantasma inmemorial que se vuelve más concreto y presente con el paso de los años.
Hablé por primera vez con él un trece de mayo. Lo recuerdo bien porque ese día cumplo años, y desde que tengo uso de razón odio cumplir años. Me lo topé en la librería de la Universidad mientras los dos cogíamos del mismo estante un libro del mismo autor. Al parecer a ambos nos tomó por sorpresa ese gesto.
- Una noche, senté a la Belleza en mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la injurié-.
Me dijo hojeando el libro que había tomado. Parecía buscar una hoja determinada; conociendo el libro de memoria sabía dónde encontrar cada verso que quería leer.
- ¿Poetas malditos?- le pregunté, dejando el delgado libro en el estante y tomando otra antología poética.
Recién entonces me miró. Sus ojos viajaron rápidamente del título del libro hacia mi rostro.
- Rimbaud, el más maldito-.
Yo sonreí.
Nos quedamos en silencio admirando los versos desparramados en las hojas. Él se veía concentrado en repetir unas palabras que no alcanzaban a salir de su boca, como frases que olvidaban el sonido de las vocales, dispersándose en el aire. Yo no podía evitar admirar sus ojos entornados hacia el papel, escondida tras la tapa del libro que intentaba leer, pero que perdía entre los versos tibios y disparejos. Aquel que siempre me había llamado la atención estaba a mi lado, y aún así se sentía terriblemente distante. No había dejado su aura de misterio al alejarse del patio hacia la librería.
- Y desde entonces, me he bañado en el Poema del Mar, infundido de astros, y casi lechoso, devorando los azures verdes; flotación lívida y arrebatadora, un ahogado pensativo a veces desciende-.
Declamó en un tono amargo. Sus labios apenas fruncidos hacia un lado y con el libro a la altura de su pecho, leyendo y no leyendo a la vez lo escrito en la hoja. Podía percibir como para él esas frases eran más que palabras sueltas sin sentido. Como todo su ser parecía verse reflejado en esas palabras angustiosas y desesperantes, sintiéndose parte de lo expresado por Rimbaud, si no se sentía como el mismo Rimbaud en persona.
No dije nada, sólo me limité a escuchar lo que decía con atención. No sabía de qué poema eran esos versos y él pareció leer la confusión en mis ojos.
- “El barco ebrio”… uno de mis favoritos- me aclaró.
Cerró el libro entre sus manos y lo volvió a dejar en el estante. Me miró por un segundo e hizo un ademán de adiós con la cabeza antes de salir.
Yo compré el libro ese día.
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L.E
Hurt
lunes, 23 de enero de 2012
Etiquetas: Asuntos existenciales, Letras de mi cosechaVisiones de un Loco
lunes, 19 de diciembre de 2011
Etiquetas: Letras de mi cosechaY ahora me pierdo entre sus pedazos
(Observándose frente a un espejo roto)
L.E
Ira
lunes, 21 de noviembre de 2011
Etiquetas: Asuntos existenciales, Letras de mi cosechaComo una psicópata lanzó el plato hacia la pared. El ruido de la porcelana haciéndose añicos la reconfortó, pues no había mejor remedio para el desanimo que destruir cosas. Su madre le contó que una vez vio, en un famoso Restaurant Brasilero, que cuando el ambiente del local parecía decaído el personal estrellaba platos en el suelo para animar la conversación. La técnica, poco convencional por calificarla de algún modo, daba resultado, y de un momento a otro la conversación volvía a ser parte de las risas y los gritos agradables de los comensales.
Observó la loza en el suelo y sonrió. De un instante a otro se sentía más aliviada, como si la ira hubiese desaflojado el nudo que le apretaba la garganta. Se quedó de pie observando su propia sombra reflejada en la blanca pared. El atardecer llevaría pronto a la penumbra, y con ello- luego de la noche- vendría, como siempre, un nuevo amanecer.
Su respiración se calmó mientras el sol se iba apagando de a poco. Los tonos rosáceos del cielo daban a imaginar un firmamento donde las nubes se estuvieran quemando. Llamas furiosas, tan furiosas como se había sentido su alma hace algunos instantes se desdibujaban en aquella tarde.
Suspiró levemente y fue por una escoba. Ahora era momento de limpiar ese desastre.
L.E
08/11
martes, 8 de noviembre de 2011
Etiquetas: Asuntos existenciales, Letras de mi cosechaLa Historia No Escrita
jueves, 9 de junio de 2011
Etiquetas: Asuntos existenciales, Letras de mi cosecha, Un poco de mí
Hojas de Otoño
domingo, 3 de abril de 2011
Etiquetas: Letras de mi cosechaHallazgo
jueves, 2 de diciembre de 2010
Etiquetas: Letras de mi cosechaOscuro reflejo
domingo, 21 de noviembre de 2010
Etiquetas: Letras de mi cosechaHoja en Blanco
domingo, 5 de septiembre de 2010
Etiquetas: Letras de mi cosecha¿Por qué la hoja en blanco no consiguió otro dueño y se detuvo frente a mis ojos?.
Esa es una pregunta que me haría una y mil veces mientras la hoja se mantenía ahí, quieta, expectante, suplicante por ser llenada con palabras, frases, hermosas ideas de una mente que comenzaba- otra vez- a ver la luz del sol.
Mi mano tomó el lápiz y se detuvo a un milimetro de la hoja. Por mi frente bajaba una gota de sudor, y mis ojos cerrados buscaban esa concentración magnámina de un escritor cuando debe encontrar la primera palabra.
(Ese es un enorme secreto, pero la primera palabra es la que definirá si lo que se escribe es una obra maestra, o mas bien algo insulso que se escribió para olvidarse. Otra frase más que no quedará en la memoria colectiva y que será botada en la basura junto a las sobras de comidas, el papel higénico y las boletas de aquellas cosas sin importancias que deben desecharse.)
Pero por más que indagué en cada recoveco de los recuerdos, de las ideas, de las memorias de un millón de historias que quería contar, no pude hallar esa palabra: LA PALABRA, que cambiaría mi vida para siempre y me haría una escritora consolidada.
Sin embargo, cuando ya me había rendido y había dejado una vez más el lápiz en el escritorio y la hoja blanca tan inmaculada como hace unas horas atrás, una chispa de luz iluminó mi mente. Me imaginé unos ojos que no conocía, sentí un susurro helado correr por mi cuello, percibí unas manos que no eran las mías que relajaba los músculos de mi sien.
Entonces tomé el lápiz y escribí:
"Pensé que jamás te encontraría..."
L.E
Alas.
viernes, 13 de agosto de 2010
Etiquetas: Letras de mi cosecha
Me sentí perdida.
Era difícil ver bien con el polvo que se posaba en mi nariz y me hacía estornudar como una alergia crónica. Mis ojos se llenaron de lágrimas de molestia y restregué mis manos sobre ellos, dejando mi cara con marcas de tierra.
- ¿Hay alguien por aquí?- grité esperando que no sólo el eco fuera mi respuesta.
- ¿Aló, me escuchan?- le pregunté a ese viento silbante que traía restos de ceniza de quién sabe dónde y por qué.
Pero nadie respondió a mis preguntas.
Caminé con mi rodilla sangrante intentando eludir los restos de viviendas que parecían grandes rocas. Me dolía cada paso como si caminara sobre fuego, esforzándome en no caer, alimentándome sólo del deseo de sobrevivir para soportar aquella carga que significaba una extremidad destrozada.
Quería vivir, lo deseaba con toda mi alma, pero ese dolor podría acabar con todos los deseos, incluso con aquellos deseos que se aman y que se guardan en lo más profundo del rojo corazón.
¿Cómo iba a morir sin cumplir mis sueños?. Aunque aquella destrucción no me aseguraba que mis sueños se podrían cumplir ahora. Pero de todas formas el deseo de cumplir esos sueños era lo único que me impulsaba a seguir, a moverme, a caminar, a volar como nunca antes lo había hecho porque siempre se me fue vetado.
Cerré los ojos y levanté las manos para sentir ese viento sucio y frío. Los restos de fuego que lo habían calentado habían desaparecido, y ahora sólo era una brisa tóxica que marcaba mi piel con puntos negros. Batí mis brazos como más de alguna vez lo había visto en las nubes, donde había sido rechazada por los guardianes mayores. Y sin más las alas que tanto había anhelado se desplegaron como dos hojas de algodón tras de mí.
El primer sueño se había cumplido. Ahora quedaba el salto y el despegue.
Sufrir me llevaría sobre la cima.
Mise en scène
miércoles, 16 de junio de 2010
Etiquetas: Asuntos existenciales, Letras de mi cosechaLa actriz principal estaba de rodillas sobre el suelo. Por su mejilla bajaba una lágrima cristalina, y sus manos sujetaban su cuerpo humillado que no se atrevía a ponerse de pie.
Una vez más su corazón roto deambulaba tras las cortinas, en las escaleras, sobre los tramoyas y bajo los latidos de ese otro corazón, aquel que había amado y que nunca la había hecho feliz.
El temor más terrible se reflejaba en sus ojos. La agónica realidad de un te amo que se volvió un repentino adiós llegaba a sus oídos aún antes que se atreviera a pronunciar esas palabras.
¿Por qué no existían los finales felices?. Al fin y al cabo el dicho no era verdad. El amor atrae el amor no era más que una falsedad puesta en escena. ¿Y para qué actuaba entonces si nunca podría interpretar a un personaje feliz?. Quizás le gustaba ser masoquista con su destino, castigarse una y otra vez por los sufrimientos propios y ajenos, los que ella había provocado y los que estaría por provocar. Le gustaba llorar bajo la luz celeste y frente a un público comprensivo. Representarse a ella misma una y otra vez, con o sin maquillaje, limpia o sucia de polvo, triste, melancólica o sólo resignada a un mundo que daba vueltas en un mismo punto como un eterno espiral. Y tenía que aceptar que jamás la vida sería lo suficientemente buena para devolverle una verdadera sonrisa en su camino.
El Karma había hecho su presencia.
Se puso de pie con esfuerzo y la cola del vestido se arrastró por la madera sucia. Sus labios teñidos de rojo sonrieron a ese público desconocido que esa noche se tomaba del hilo de la trama. Sus dedos rozaron el pecho de su coestrella como un rasguño sin mayor fuerza, y mirándolo a los ojos se lo dijo.
El adiós cortó el silencio y derramó la sangre amada sobre la cortina que en aquel punto anunciaba el final.
Después de eso vinieron los aplausos.
Víbora
lunes, 26 de abril de 2010
Etiquetas: Letras de mi cosecha
En cuanto a ellos, el simulacro soy yo. Desde un inicio la simulación ha sido mi fuerte. Y mientras aquel telón que ya nos separa nos siga cubriendo las caras, la emulación se transformará en la mejor arma.
Es más fácil hacerse la buena de lo que uno cree. Un gato que rodea las paredes y que tiene las garras listas para atacar. Un arma que afilada, parece más una joya que un objeto punzante capaz de hacer daño.
Simular que te quise mientras las gotas de sangre invisibles bañaban la alfombra. Sonreír con descaro ante tus palabras, que para mí no tenían sentido alguno. Mirar una y otra vez tus ojos bajo las sombras de la noche, y ver en ellos el vacío en el cual yo no caería... nunca.
Porque el veneno que fluye por mis venas es lo único que necesito para transformarme en una asesina: de amores, de corazones, de esperanzas que no deberían existir. Pruébame otra vez y verás como tu piel se pondra violácea y tus ojos rojizos. Serás víctima del desengaño, del desamor y del tormento en el que vive un corazón enamorado.
Soy el ángel caído que baja desde el cielo para atormentar sus dulces sueños;
La víbora que se arrastra por tus pies y que con una mordida llega al centro de tu cuerpo;
Aquella en la que confiaste y que rasguñó tu alma hasta herirla en lo más profundo.
La súcubo que jamás tocará el infierno, porque en la tierra los tormentos son mejores.
L.E
Curiosa
domingo, 25 de abril de 2010
Etiquetas: Letras de mi cosecha.
- ¿En qué piensas?-.
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El sol de la tarde sigue iluminando el cielo. Las nubes han desaparecido, igual que tu sonrisa.
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- En nada-.
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Busco tus ojos. Sí, sé que mientes.
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- Vamos, dime, ¿en qué piensas?-.
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Y no es que me guste insistir, pero mi instinto me hace conocedora de tu mentira. Una suave inocencia que se oculta tras tu mirada me reconoce tu culpabilidad aún antes de que emitas sonido alguno.
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- En nada-.
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Me callo.
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Poso mi cabeza sobre mis brazos y dejo que el sol entibie mi cuerpo. Me gustan las tardes veraniegas del sur.
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- Sabes...-.
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Sé que ahora dirás lo que pensabas mientras mi cabeza se levanta para observarte. A veces eres predecible.
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- ... me acordé de ella-.
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Exacto, mon amour, esos son los secretos que prefiero no saber y no haber escuchado nunca. Porque no quiero saber cuántas veces la recuerdas a ella cuando me ves a mí.
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Hay ciertos secretos que es mejor dejar a escondidas, como los pensamientos antes de dormir. En momentos es mejor olvidar que hay algo sin decir en nuestras miradas.
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La curiosidad mató a la amante...
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... ¿no era así el dicho?.
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Entre clases
martes, 30 de marzo de 2010
Etiquetas: Letras de mi cosechaCriatura
jueves, 25 de marzo de 2010
Etiquetas: Letras de mi cosecha, Un poco de míFeli-no-dad
lunes, 15 de marzo de 2010
Etiquetas: Asuntos existenciales, Letras de mi cosechaComo un rayo de plata las plumas del ave brillaban por el sol. Su vuelo parecía un baile relajado en la pista celeste, y sus ojos oscuros se fijaban en los brazos que Amanda impulsaba hacia arriba como si quisiera alcanzarlo.
Leyendo sus pensamientos, el ave descendió hacia Amanda. Manteniendo su vuelo en círculos rodeó las manos de Amanda, y dejó que sus plumas de plata acariciaran sus dedos. Eran tan suaves al tacto que se asemejaban a una nube de algodón, y al sentirlas en contacto con su piel pensó en la dicha que se podría encontrar tras las nubes después de una tormenta.
El ave aprovechó el impulso y arañó con sus garras las palmas de Amanda. Dio otra vuelta y rozó sus muñecas. Y de último acercó su pico a sus dedos y se enganchó de su punta, rompiendo la piel y alzando el vuelo hacia el cielo con un hilo de sangre goteando de sus plumas.
Amanda cerró los ojos por el dolor del picoteo y bajó su dedo directo hacia su rostro. Observó la herida y metió su dedo en su boca, buscando aliviar el dolor palpitante.
Fue entonces que sintió algo que nunca había sentido con anterioridad. El sabor metálico, ni dulce ni salado de su sangre que se colaba por su boca y descendía hacia su garganta. Apretó sus labios contra su dedo y saboreó aquel dolor que traía ese agradable gusto. Aún con su dedo en la boca levantó la mirada y vio al ave que seguía volando en el cielo, esperando expectante su reacción.
Y a pesar de la herida que ahora tenía en su dedo no se arrepentía de alzar sus brazos y sentir aquellas suaves plumas entre sus dedos.
No había que arrepentirse de ser feliz, aunque muchas veces ser feliz duela un poco.