Amor infinito
lunes, 1 de enero de 2018
Me equivoqué.
El verdadero amor es ese que se construye cada día, frase a frase, tiempo a tiempo.
Y yo lo encontré.
Amarte es lo más lindo que me ha pasado.
Nos amamos. Veo amor en tus ojos y en los míos, en la complicidad de las palabras, en los silencios que infinitos no callan, sino gritan los pensamientos que a menudo aguardamos. Pero el amor muchas veces no lo es todo. Porque el amor es frágil, liviano, efímero.
He prometido amarte mil vidas más y muchas otras que no llegaré a existir. Me lo he prometido a mí misma porque hay cosas que no se deben decir en voz alta. Los miedos corrompen, fantasean con la capacidad de transformarnos, de alejar de lo bueno todo lo que hemos construido, y a veces yo no puedo dejar de temer.
¿Pero a qué le tengo miedo? ¿A ti? ¿A tu capacidad de herirme? ¿A las fantasías que tontamente me he inventado - las cuales poco invento parecen - y que te involucran?.
Le temo al mañana. A tu sonrisa. A no ver amor en tu mirada. A no merecerme lo que es tenerte y que me hace tan feliz.
Pero ya muchas veces me he dicho que soy valiente. Soy un león que arremete contra la selva, que gruñe y ruge como amo de su vida y de cada una de sus decisiones.
Soy el león, un león que teme pero que recupera la valentía.
Y no necesito un par de zapatos rojos que me ayuden a encontrar mi rugido nuevamente.
Corazón
lunes, 27 de julio de 2015
No había justicia en la muerte, pensó el doctor, pero tampoco había justicia alguna en la vida.
La vida carecía de justicia.
Tengamos miedo
viernes, 13 de marzo de 2015
Etiquetas: Letras de mi cosecha, Un poco de míTemamos.
No abramos los ojos a la luz.
No escuchemos razones, porque las razones no existen.
No creamos en nada.
Ni en el sol, ni en la luna, ni en las artificiales luces de la ciudad.
No enfrentemos los dolores porque son muchos.
Sellemos las heridas con sal y dejemos que la piel escuece.
Escuchemos el sonido de los autos y olvidémonos de que hay que andar.
Caminar es imposible, volar demasiado arriesgado.
Temamos y no dejemos que los sueños nos manejen.
Encerrémonos en este precioso estado de locura donde nadie más existe.
Tú y yo. Solos y apartados.
No te conozco. No me conoces.
Pero tú y yo somos uno.
Encuéntrame.
Nunca lo perdiste
viernes, 4 de octubre de 2013
Etiquetas: Letras de mi cosechaLo buscas en los bolsillos donde la arena se esconde.
Cavas en las profundidades de telas, carne y recuerdos.
Cierras los ojos y crees poder escuchar su voz.
Lo observas: sus ojos nunca tuvieron nada de especial,
pero te gustaban. Te enamoraste de esos ojos comunes y corrientes.
Esos labios que no besaban mejor que otros excepto cuando te besaban a ti.
Frases que te dijo cuando la distancia los mantenía aparte.
"Creo que me enamoraré de ti".
Mentiras.
El agua borra lo que una vez se tuvo.
La arena se escapa de los bolsillos y se pierde en el suelo.
No hay telas ni carne donde los recuerdos se desdibujan.
Ya no escuchas su voz. No sabes siquiera si la reconocerías si te hablara.
Esos ojos se volvieron opacos y pequeños, oscuros como los de un buitre.
Besó a otras y sus besos dejaron de ser especiales.
No quedan frases en el aire sólo mala memorias.
Y nunca se enamoró de ti.
Esa es la única verdad.
La locura se hereda
jueves, 5 de septiembre de 2013
Etiquetas: Asuntos existenciales, Un poco de míCuando imaginaste ...
sábado, 11 de mayo de 2013
Etiquetas: Asuntos existencialesDe poemas y existencias
lunes, 22 de abril de 2013
Etiquetas: Asuntos existencialesDe lo poco de vida que me resta
diera con gusto los mejores años,
por saber lo que a otros
de mí has hablado.
Y en esta vida mortal, y de la eterna
lo que me toque, si me toca algo,
por saber lo que a solas
de mí has pensado
GAB
Carta recibida en otra vida
domingo, 7 de abril de 2013
Etiquetas: Un poco de míRepeticiones
lunes, 25 de marzo de 2013
Etiquetas: Un poco de míEl último día
lunes, 31 de diciembre de 2012
All over again
lunes, 26 de noviembre de 2012
THE CUP
domingo, 28 de octubre de 2012
Kundera
jueves, 18 de octubre de 2012
Etiquetas: Asuntos existencialesMilán Kundera
"La inevitable levedad del ser"
Vacío
domingo, 26 de agosto de 2012
Limbo, más suave que la muerte, pero más aterrador. Demasiado sublime para satisfacer la realidad que se busca en toda nueva experiencia. ¿Caminar, correr o mantenerse quieto?. Todas a la vez, un algo y un nada.
Y me voy hundiendo en el torbellino que me amarra...
Todo cambió.
19.06
martes, 19 de junio de 2012
Nada más satisfactorio que ponerle punto final a la historia que parecía sin fin.
Parece que algún día sí podré darle el "the end" que se merece esta extensa novela.
A esperar cómo se desarrolla el próximo tomo. De seguro todo nuevo inicio tendrá un mejor final que el anterior.
Se despide,
la protagonista.
Josué 1:9
jueves, 29 de marzo de 2012
Etiquetas: Un poco de míEl Poeta - o crónicas de un pasado lírico-
miércoles, 14 de marzo de 2012
Etiquetas: Letras de mi cosechaSiempre me había llamado la atención como se sentaba. Con seguridad echaba su espalda hasta el respaldo de la banca, tomaba un cigarrillo con sus huesudos dedos y aspiraba una bocanada de humo que luego expiraba con esa indolente tranquilidad. Vistiendo su impecable terno bien planchado parecía un detective camuflado que investigaba a un hombre de clase alta, imitando esas posturas elegantes y resignadas que decían más de él de lo que uno quería creer.
Era común verlo solo entre la gente como un ente apartado que se dedicaba a observar, tal como yo lo observaba a él. Sus ojos oscuros se enfocaban en los gestos ajenos, estudiándolos con agudeza, como si quisiera sacar de ello los pensamientos que rondaban en sus cabezas. Su mandíbula marcada se tensaba frente a un hecho extraño, de forma instintiva, casi refleja. Y sus manos dejaban caer la colilla al suelo de cemento, sin pisar la puntilla que aún brillaba entre el tabaco seco.
Había algo en su aura misteriosa que me atraía de manera irremediable. No sabía qué era, pero lo quería descubrir. Hasta el día de hoy no sé qué es lo que me hace invocarlo con tanta exactitud, como un fantasma inmemorial que se vuelve más concreto y presente con el paso de los años.
Hablé por primera vez con él un trece de mayo. Lo recuerdo bien porque ese día cumplo años, y desde que tengo uso de razón odio cumplir años. Me lo topé en la librería de la Universidad mientras los dos cogíamos del mismo estante un libro del mismo autor. Al parecer a ambos nos tomó por sorpresa ese gesto.
- Una noche, senté a la Belleza en mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la injurié-.
Me dijo hojeando el libro que había tomado. Parecía buscar una hoja determinada; conociendo el libro de memoria sabía dónde encontrar cada verso que quería leer.
- ¿Poetas malditos?- le pregunté, dejando el delgado libro en el estante y tomando otra antología poética.
Recién entonces me miró. Sus ojos viajaron rápidamente del título del libro hacia mi rostro.
- Rimbaud, el más maldito-.
Yo sonreí.
Nos quedamos en silencio admirando los versos desparramados en las hojas. Él se veía concentrado en repetir unas palabras que no alcanzaban a salir de su boca, como frases que olvidaban el sonido de las vocales, dispersándose en el aire. Yo no podía evitar admirar sus ojos entornados hacia el papel, escondida tras la tapa del libro que intentaba leer, pero que perdía entre los versos tibios y disparejos. Aquel que siempre me había llamado la atención estaba a mi lado, y aún así se sentía terriblemente distante. No había dejado su aura de misterio al alejarse del patio hacia la librería.
- Y desde entonces, me he bañado en el Poema del Mar, infundido de astros, y casi lechoso, devorando los azures verdes; flotación lívida y arrebatadora, un ahogado pensativo a veces desciende-.
Declamó en un tono amargo. Sus labios apenas fruncidos hacia un lado y con el libro a la altura de su pecho, leyendo y no leyendo a la vez lo escrito en la hoja. Podía percibir como para él esas frases eran más que palabras sueltas sin sentido. Como todo su ser parecía verse reflejado en esas palabras angustiosas y desesperantes, sintiéndose parte de lo expresado por Rimbaud, si no se sentía como el mismo Rimbaud en persona.
No dije nada, sólo me limité a escuchar lo que decía con atención. No sabía de qué poema eran esos versos y él pareció leer la confusión en mis ojos.
- “El barco ebrio”… uno de mis favoritos- me aclaró.
Cerró el libro entre sus manos y lo volvió a dejar en el estante. Me miró por un segundo e hizo un ademán de adiós con la cabeza antes de salir.
Yo compré el libro ese día.
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L.E