Amor infinito

lunes, 1 de enero de 2018

En más de algún momento llegué a pensar que el verdadero amor no existía.
Me equivoqué.
El verdadero amor es ese que se construye cada día, frase a frase, tiempo a tiempo.
Y yo lo encontré.

Amarte es lo más lindo que me ha pasado.

A la espera de escribirte una carta hago de estas líneas la carta perdida, aquella que llegará en una botella que navegue en un mar de mil años. La carta muerta. La carta inútil. La carta que tantas ensoñaciones ha roto en su paso por islas y ríos barrosos.

Nos amamos. Veo amor en tus ojos y en los míos, en la complicidad de las palabras, en los silencios que infinitos no callan, sino gritan los pensamientos que a menudo aguardamos. Pero el amor muchas veces no lo es todo. Porque el amor es frágil, liviano, efímero.

He prometido amarte mil vidas más y muchas otras que no llegaré a existir. Me lo he prometido a mí misma porque hay cosas que no se deben decir en voz alta. Los miedos corrompen, fantasean con la capacidad de transformarnos, de alejar de lo bueno todo lo que hemos construido, y a veces yo no puedo dejar de temer.

¿Pero a qué le tengo miedo? ¿A ti? ¿A tu capacidad de herirme? ¿A las fantasías que tontamente me he inventado - las cuales poco invento parecen - y que te involucran?.

Le temo al mañana. A tu sonrisa. A no ver amor en tu mirada. A no merecerme lo que es tenerte y que me hace tan feliz.

Pero ya muchas veces me he dicho que soy valiente. Soy un león que arremete contra la selva, que gruñe y ruge como amo de su vida y de cada una de sus decisiones.

Soy el león, un león que teme pero que recupera la valentía.

Y no necesito un par de zapatos rojos que me ayuden a encontrar mi rugido nuevamente.

Corazón

lunes, 27 de julio de 2015

El corazón era demasiado grande y no cabía en el pecho. Cuando el doctor lo miró en su mano hizo una mueca a la enfermera y se preguntó cómo aquel corazón pudo habitar en ese reducido espacio que tenía designado. Era un corazón grande, fibroso, un músculo que en su momento debió latir con fuerza y que ahora pesaba sin vida sobre su mano. No parecía un corazón extraño, salvo porque era grande y la sangre que alguna vez lo había llenado ahora se encontraba coagulada en sus recovecos. Ello le daba un halo de pétrea existencia, como si se tratara de un fósil de corazón que había sido olvidado hace demasiados años, fases y fases de vidas tras su descubrimiento. Sus dedos sopesaron aquel corazón en su mano y dirigió su mirada hacia aquel rostro poseedor del corazón muerto. El cadáver poco tenía que ver con el corazón que alguna vez había latido en su interior, pues en el menudo cuerpo de aquella mujer raro era que cupiera un corazón tan grande. Los rasgos que alguna vez habían sido hermosos hoy mantenían un gesto severo que enfrentaban la muerte con cierta molestia. No había resignación en aquel entrecejo, sino enojo por haberle arrebatado la vida demasiado pronto. Parecía preguntarse con cierta altanería propia de la edad: ¿Qué justicia había en morir? Ninguna.

No había justicia en la muerte, pensó el doctor, pero tampoco había justicia alguna en la vida.

La vida carecía de justicia.
“Find what you love and let it kill you.”

- Charles Bukowski

Tengamos miedo

viernes, 13 de marzo de 2015

Tú y yo.
Temamos.
No abramos los ojos a la luz.
No escuchemos razones, porque las razones no existen.
No creamos en nada.
Ni en el sol, ni en la luna, ni en las artificiales luces de la ciudad.
No enfrentemos los dolores porque son muchos.
Sellemos las heridas con sal y dejemos que la piel escuece.
Escuchemos el sonido de los autos y olvidémonos de que hay que andar.
Caminar es imposible, volar demasiado arriesgado.
Temamos y no dejemos que los sueños nos manejen.
Encerrémonos en este precioso estado de locura donde nadie más existe.
Tú y yo. Solos y apartados.
No te conozco. No me conoces.
Pero tú y yo somos uno.
Encuéntrame.

Poema N° XX

martes, 5 de noviembre de 2013


Perfección.

Nunca lo perdiste

viernes, 4 de octubre de 2013

Miras hacia atrás y crees que ya no lo tienes.
Lo buscas en los bolsillos donde la arena se esconde.
Cavas en las profundidades de telas, carne y recuerdos.
Cierras los ojos y crees poder escuchar su voz.
Lo observas: sus ojos nunca tuvieron nada de especial,
pero te gustaban. Te enamoraste de esos ojos comunes y corrientes.
Esos labios que no besaban mejor que otros excepto cuando te besaban a ti.
Frases que te dijo cuando la distancia los mantenía aparte.
"Creo que me enamoraré de ti".
Mentiras.

El agua borra lo que una vez se tuvo.
La arena se escapa de los bolsillos y se pierde en el suelo.
No hay telas ni carne donde los recuerdos se desdibujan.
Ya no escuchas su voz. No sabes siquiera si la reconocerías si te hablara.
Esos ojos se volvieron opacos y pequeños, oscuros como los de un buitre.
Besó a otras y sus besos dejaron de ser especiales.
No quedan frases en el aire sólo mala memorias.
Y nunca se enamoró de ti.
Esa es la única verdad.

L.E

La locura se hereda

jueves, 5 de septiembre de 2013

Simple y claro: se hereda. La locura viene en nuestro adn compartida por todos los antepasados antes de nosotros. Se reparte en la ropa vieja, los modales, las historias de vida, la forma de tomar el té, los nombres repetitivos, el violín que tocaba el bisabuelo, la casa de campo que vendieron, lo que no se sabe y lo que nunca se podrá saber. Eso, la locura se hereda.

En mi familia hay locos, tal como en muchas de las demás familias. Hay locos inofensivos y otros que parecen locos; algunos que nadie sabe que están locos y aquellos que demostraron su locura. Cada tipo de loco es un mundo. Cada uno tiene su propia historia y los más disparatados porqué. En toda familia hay locos. En todas.

Quizás en la mía soy yo.

Cuando imaginaste ...

sábado, 11 de mayo de 2013


Hubo un momento, lejano quizás, donde te imaginaste todo tipo de cosas que nunca iban a pasar. Te imaginaste tu vida como una de esas historias de películas donde los finales felices parecen llamar desde cada esquina. Que a cierta edad, una inalcanzable que no demoraste en alcanzar, todos tus sueños se iban a hacer realidad, o al menos ibas a estar encaminado a ello. Imaginaste, porque imaginar es la mejor de todas las habilidades. La única que todos poseen, aunque la nieguen. Y así como imaginaste todo eso pudiste ver sin necesidad de imaginar cómo cada uno de esos momentos se destruían. Los años pasaban y alcanzaste las edades en las que tus sueños se volvían polvo de estrella muerta. Los pisaste y caminaste por ellos rogando que la estrella volviera a brillar en el firmamento. Pero la estrella no brilló. Su luz se había ido para siempre.

Levantar la vista y ver- ¡realmente ver!- dónde estás parado debe ser la peor sensación del mundo. Quitarte las gafas de sol que ponen todo de un tono sepia y enfrentar la realidad con sus verdaderos colores y el sol brillante iluminando todos sus defectos es agonizante. No quieres mirar y entrecierras un poco los ojos, pero no puedes evitarlo: ese eres tú, el ser que tiene frente a sí la destrucción de su imaginación. Y hoy, sabiendo que ninguno de tus sueños se hicieron realidad puedes llegar a la conclusión más dolorosa de todas: soñar es la peor de las mierdas.

L.E

De poemas y existencias

lunes, 22 de abril de 2013



De lo poco de vida que me resta
diera con gusto los mejores años,
por saber lo que a otros
de mí has hablado.

Y en esta vida mortal, y de la eterna
lo que me toque, si me toca algo,
por saber lo que a solas 
de mí has pensado

GAB

Carta recibida en otra vida

domingo, 7 de abril de 2013

Princesa mía,

Perdone la demora en mi respuesta. Espero que usted no haya pensado alguna desgracia. Sucede que por los anteriores meses hemos sido asediados y restringimos las comunicaciones hacia lo militarmente indispensable; fueron arduos momentos, ahora doy gracias a Dios por esta ciudad amurallada que evitó nuestra más sublime desgracia. Hace tres noches llegaron los refuerzos que forzaron a los herejes a retirarse a su tierra, que no será suya por mucho.

Temo por el tiempo que deba permanecer alejado de usted, ya que una enorme distancia, sumada a un prolongado tiempo, no es precisamente la receta para un final feliz. Es por eso que le ruego que mantenga alejados a otros pretendientes, ya que regresaré por usted.

Anoche tuve una visión... una blanca casa en una colina rodeada por bastas tierras fértiles y hermosas; un lugar sano par criar niños y envejecer. Vi enormes plantaciones de rosas y lagunas pobladas de blancos cisnes mostrando con orgullo sus oscuros collares negros. Grandes pastizales donde los caballos corren libres a su voluntad; aunque lo más maravilloso a mi visión fue otro detalle... el verme ahí rodeado de niños y niñas... y flanqueado por el más hermoso ser de la creación jamás visto: usted. 

Desde este segundo consagro mi vida al cumplimiento de ese sueño. Si usted desea compartirlo conmigo, claro, prometo volver y realizar con mis propias manos lo que el futuro me mostró... y juro que no permitiré que nada en este mundo o el próximo nos separe. 

Deseo ser el hombre más feliz a su lado... recibir día a día el regalo de sus besos y entregarle eternamente mi más sincero amor...

Eternamente suyo,

(...)

- Y en el interior del sobre, escondido como si no se quisiera dar a conocer, decía:   -
"Porque la amo de corazón no existe día en que no la recuerde, ni noche en que no sueñe con mi regreso.



Repeticiones

lunes, 25 de marzo de 2013

Muchos ya han dicho que la historia es cíclica.
Curiosamente lo leí en el diario ayer, en una columna política. Hoy, aunque de política nada, puedo decir que sí, la historia es del todo cíclica.
Hace ya dieciséis años que la primera escapada trajo consigo un cambio total de vida. Una llamada telefónica y una huida, veloz y extraña, hoy incluso me parece algo brumosa. Escapar, el escapismo en sí es parte de mis genes. Mi abuelo se autodefinió como un escapista, y la sangre siempre tira, como dicen por ahí.
Ver llorar a la persona que más amas y saber que tus palabras escaparán de sus oídos como aire no es fácil. Pero más difícil es saber que tus palabras dan igual, porque a veces no se necesitan palabras sino actos con soluciones. ¿Cómo actuar? Aconsejar cuando tú no haz vivido más que una fantasía disfrazada no da crédito a lo que digas ni a lo que hagas. Es ahogarse en palabras sin utilidad práctica. A veces es mejor no hablar siquiera.
Hace ya dieciséis años atrás la decisión fue tomada de forma repentina. Como un salto al vacío, con los brazos estirados en el cielo esperando que algo fuera a sujetarnos al caer. Quien nos ayudó en esa entonces hoy no existe. Desapareció, como el suspiro en el cual se transforman las almas cuando el cuerpo ha muerto. Y hoy, sin él resguardando, no sé con qué seguridad podemos dar el salto. Aunque soy más fuerte, más grande, más consciente y por ello conozco con mayor definición los peligros de saltar, también soy más miedosa, quizás porque tengo mucho más que perder de lo que antes tenía.
Pero no. No hay que tener miedo. Hoy ya no, porque hoy sé quien me acompaña.

A enfrentar lo que se venga. Sí, y siempre con una sonrisa en la cara.

El último día

lunes, 31 de diciembre de 2012

Hoy es el último día. Una vez me dispongo a escribir la despedida al año que se va y la bienvenida al año que vuelve. Analizar los últimos 365 días mientras mi mirada se pierde en el azul del lago que muestra mi ventana. Escribir en un entorno tan bello como el que me rodea es una maravilla. Es, incluso, lo mejor de este año que se va.
Pasó corriendo este año. Casi volando, si he de precisar. Un año que comenzó extraño y terminó de forma extraña a su vez. Es un año que me deja conocimientos nuevos y anhelos de cambio. Temo al año que se viene, pero temo de una forma inquieta, expectante, inclusive con cierta emoción. Comienza la nueva etapa de mi vida y espero estar lista para vivirla. Se vienen los cambios y en ellos debo enfocarme.

Gracias a Dios por un nuevo año de vida. Intentaré ser cada día mejor persona, aunque cueste.

L.E

All over again

lunes, 26 de noviembre de 2012

Dicen que uno aprende de los errores. Dicen que no es posible tropezarse con la misma piedra si uno la puede distinguir. Dicen que de toda desdicha siempre viene algo mejor, como se escucha "después de la tormenta viene la calma". Dicen que en la vida todo se devuelve, que el bien atrae el bien y que el amor atrae el amor. Dicen que siempre hay una ventana que queda abierta para las nuevas oportunidades y que hay que coger de ella para que no se cierre antes de que queramos cruzar al otro lado.

Dicen, dicen muchas cosas...

Pero la verdad parece ser otra.

La verdad es que es IMPOSIBLE distinguir cuál piedra es cuál del camino porque todas se ven demasiado parecidas. La verdad es que la calma parece preceder a la tormenta, y de ella sólo quedan los escombros de la destrucción que consigo trajo la naturaleza. La verdad es que las leyes de atracciones hablan de átomos, protones y electrones que nada tienen que ver con los sentimientos. La verdad es que las ventanas no aparecen, sino que uno debe formarlas con sus propias manos.

No quiero vivir de los rumores, pero tampoco me apetece la verdad...

Es como si uno no pudiera dejar de dar vueltas en la misma ruleta...

All over again.

L.E

THE CUP

domingo, 28 de octubre de 2012

Él.

Sí, él.

Es extraño extrañarlo, pero a veces sucede. Será que estoy sensible.

Él. Tóxico. Maldito. Desequilibrado.

Pero era él.

A veces me gustaría cerrar los ojos y echar a volar el tiempo. Recordar qué fue lo que estuvo mal. Saber cuándo cambió todo y hubo un quiebre absoluto, uno que me sorprendió un poco. Aunque siempre estuvimos un tanto rotos.

Es difícil unir algo que se parte en dos. Las astillas de lo que fue (aquella taza que resonó contra el piso al quebrarse - y una taza porque su forma, su concavidad, me recuerda a un corazón-) saltan en todas direcciones y no es posible unirlas. Algunas se esconden en la alfombra, otras bajo los muebles, y no faltan aquellas que se entierran en la punta de los dedos al desear tomarlas... dañándonos. 

Creo que esa astilla que se perdió en mi piel se quedó ahí, aún ahora. Su dolor me hace recordarlo, y con el recuerdo vienen todos esos momentos: las risas, los cantos, y las palabras (pocas palabras) que pudieron significar tanto.

Ahora, dejando que las pestañas ensombrezcan un poco la visión, me pregunto si habrá significado un poco más de lo que me gusta reconocer. Espero que no. Aunque  considero mi sombría forma de ver las cosas....

... y entonces lo acepto.

Te quise más de lo que se debería querer a una taza rota .

Kundera

jueves, 18 de octubre de 2012

"Making love with a woman and sleeping with a woman are two separate passions, not merely different but opposite. Love does not make itself felt in the desire for copulation (a desire that extends to an infinite number of women) but in the desire for shared sleep (a desire limited to one woman)."


Milán Kundera

"La inevitable levedad del ser"

Vacío

domingo, 26 de agosto de 2012

De pronto cierras los ojos y no sabes a dónde vas. Lo intuyes, lo saboreas, pero no lo sabes. Aspiras aire y tratas de ver si es aire de verdad o un placebo del mismo. Tus pulmones se hinchan, absorben, respiras y aceptas que es aire y que tú estás vivo, aunque ciertas cosas te hagan pensar lo contrario.
Limbo, más suave que la muerte, pero más aterrador. Demasiado sublime para satisfacer la realidad que se busca en toda nueva experiencia. ¿Caminar, correr o mantenerse quieto?. Todas a la vez, un algo y un nada.
Y me voy hundiendo en el torbellino que me amarra...

Todo cambió.

19.06

martes, 19 de junio de 2012

Con el alma en calma.
Nada más satisfactorio que ponerle punto final a la historia que parecía sin fin.
Parece que algún día sí podré darle el "the end" que se merece esta extensa novela.

A esperar cómo se desarrolla el próximo tomo. De seguro todo nuevo inicio tendrá un mejor final que el anterior.

Se despide,
la protagonista.

Josué 1:9

jueves, 29 de marzo de 2012

"Yo te pido que seas fuerte y valiente, que no te desanimes ni tengas miedo, porque yo soy tu Dios, y te ayudaré donde quiera que vayas"






He leído muchas frases en mi vida. Tantas frases que no soy capaz de recordar ni un cuarto de ellas, aún cuando hubiesen llamado mi atención. No sé porqué, pero siempre las palabras han tenido un efecto muy poderoso en mí. Es como si cada sílaba, cada letra, implicara mucho más que su unión para crear algo que llega al fondo absoluto de mi alma. Admiro el lenguaje, pero recelo de la capacidad que una simple conjunción de letras tiene para provocar amor u odio, como si las palabras fueran cuchillos o flechas de amor. Sin embargo hay frases que no puedo sacar de mi pecho, no por su crudeza, sino por lo llena que me hacen sentir. La frase escrita más arriba es el mejor ejemplo. De todas las frases oídas, de todos los poemas leídos, de todas las conversaciones tenidas, debe ser esta la primera frase que guardo como un un bien preciado y la mantengo en mi billetera para releerla cada vez que desespero. Esta frase está tatuada en mi ser recordándome cada día que no estoy sola. Sus palabras me dan calma, porque me hace saber que debo ser valiente para que la esperanza que brilla en mi interior no desaparezca. Porque hay alguien- ÉL- que está a toda hora y en todas partes amándome y velando por mí.

Y yo seré valiente y no desanimaré. No lo haré... gracias por ayudarme.

L.E

El Poeta - o crónicas de un pasado lírico-

miércoles, 14 de marzo de 2012

Siempre me había llamado la atención como se sentaba. Con seguridad echaba su espalda hasta el respaldo de la banca, tomaba un cigarrillo con sus huesudos dedos y aspiraba una bocanada de humo que luego expiraba con esa indolente tranquilidad. Vistiendo su impecable terno bien planchado parecía un detective camuflado que investigaba a un hombre de clase alta, imitando esas posturas elegantes y resignadas que decían más de él de lo que uno quería creer.

Era común verlo solo entre la gente como un ente apartado que se dedicaba a observar, tal como yo lo observaba a él. Sus ojos oscuros se enfocaban en los gestos ajenos, estudiándolos con agudeza, como si quisiera sacar de ello los pensamientos que rondaban en sus cabezas. Su mandíbula marcada se tensaba frente a un hecho extraño, de forma instintiva, casi refleja. Y sus manos dejaban caer la colilla al suelo de cemento, sin pisar la puntilla que aún brillaba entre el tabaco seco.

Había algo en su aura misteriosa que me atraía de manera irremediable. No sabía qué era, pero lo quería descubrir. Hasta el día de hoy no sé qué es lo que me hace invocarlo con tanta exactitud, como un fantasma inmemorial que se vuelve más concreto y presente con el paso de los años.

Hablé por primera vez con él un trece de mayo. Lo recuerdo bien porque ese día cumplo años, y desde que tengo uso de razón odio cumplir años. Me lo topé en la librería de la Universidad mientras los dos cogíamos del mismo estante un libro del mismo autor. Al parecer a ambos nos tomó por sorpresa ese gesto.

- Una noche, senté a la Belleza en mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la injurié-.

Me dijo hojeando el libro que había tomado. Parecía buscar una hoja determinada; conociendo el libro de memoria sabía dónde encontrar cada verso que quería leer.

- ¿Poetas malditos?- le pregunté, dejando el delgado libro en el estante y tomando otra antología poética.

Recién entonces me miró. Sus ojos viajaron rápidamente del título del libro hacia mi rostro.

- Rimbaud, el más maldito-.

Yo sonreí.

Nos quedamos en silencio admirando los versos desparramados en las hojas. Él se veía concentrado en repetir unas palabras que no alcanzaban a salir de su boca, como frases que olvidaban el sonido de las vocales, dispersándose en el aire. Yo no podía evitar admirar sus ojos entornados hacia el papel, escondida tras la tapa del libro que intentaba leer, pero que perdía entre los versos tibios y disparejos. Aquel que siempre me había llamado la atención estaba a mi lado, y aún así se sentía terriblemente distante. No había dejado su aura de misterio al alejarse del patio hacia la librería.

- Y desde entonces, me he bañado en el Poema del Mar, infundido de astros, y casi lechoso, devorando los azures verdes; flotación lívida y arrebatadora, un ahogado pensativo a veces desciende-.

Declamó en un tono amargo. Sus labios apenas fruncidos hacia un lado y con el libro a la altura de su pecho, leyendo y no leyendo a la vez lo escrito en la hoja. Podía percibir como para él esas frases eran más que palabras sueltas sin sentido. Como todo su ser parecía verse reflejado en esas palabras angustiosas y desesperantes, sintiéndose parte de lo expresado por Rimbaud, si no se sentía como el mismo Rimbaud en persona.

No dije nada, sólo me limité a escuchar lo que decía con atención. No sabía de qué poema eran esos versos y él pareció leer la confusión en mis ojos.

- “El barco ebrio”… uno de mis favoritos- me aclaró.

Cerró el libro entre sus manos y lo volvió a dejar en el estante. Me miró por un segundo e hizo un ademán de adiós con la cabeza antes de salir.

Yo compré el libro ese día.

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L.E