Pecado culpable

sábado, 8 de agosto de 2009

Entro a un salón oscuro. La luz del otro lado de la puerta es lo único que me permite ver el suelo que piso. Todo está en silencio, estático y extremadamente negro. No hay formas, no hay sonidos, no hay susurros. Pero hay sombras que se alargan y se pierden en el brillo de la tenue luz blanca. Siempre hay sombras que asechan los lugares que recorro.
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Mas hoy no trata de la oscuridad ni de la decepción. Hoy lo negro no es un reflejo de mi alma ni de mis pensamientos. El negro hoy significa un mar de cosas que quiero gritar y no me atrevo. Es el negro el color verdadero de la culpa que se siente y que late. De la vergüenza que se inhala y se expira. Del deber que se olvida y se entierra.
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El negro es el tono del pacado culpable.
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¡Quiero retroceder el tiempo!
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Siempre que lo pueda cambiar
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Pero no se puede hacer.
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Peco cada vez que pienso que estoy tan perdida que camino de espaldas.
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Porque el paso de la luna aún no me sale, pero ya lo hará...
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Peco cuando sé que sería capaz de hacer mal por lograr lo que me propongo.
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No tanto mal (¿o si?)
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Peco cuando me muerdo las manos para no deshacer mi decisión y mandarte un mail para saber cómo andas.
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No lo hagas, no lo hagas, no lo hagas... me repito.
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Peco cuando el miedo- antes inexistente- se cuela en mis ojos y desciende como lágrimas.
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Y odio llorar.
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Pero sobretodas las cosas, sé que peco cuando me imagino un futuro sepultado por tierra y por hielo. Un futuro donde no existe futuro. Futuro donde no soy lo suficientemente buena para nada, ni lo suficientemente mala para lo debido.
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Porque antes quise ser grande. Soñaba con ayudar al mundo cada día con una función grandiosa. Mover los hilos de la humanidad con mis firmas y mis aprobaciones. Antes deseaba ser el modelo a seguir de niñas, las expectativa de mujeres, el deseo del hombre... y hoy no sueño nada.
Dejé de soñar cuando me di cuenta que los sueños no se hacen realidad.
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Al menos que las hadas madrinas existan y Peter Pan golpeé mi ventana.
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Dejé de creer en mí cuando me percaté que mis esfuerzos eran en vano.
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Al menos que nunca me esfuerce lo suficiente.
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Preferí dejar de pensar para convencerme que realmente soy tonta.
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Y mi madre que me encuentra tan inteligente.
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Definitivamente me resigné a no ser feliz.
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Y no me importa ser tan joven para tomar esa decisión.
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¡Porque tengo mitad alma de niña, mitad alma de vieja y cuerpo de adulta joven!
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¿Irónico?
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Bebo un sorbo de la oscuridad que se funde con las paredes y se hunde bajo las sombras. Me convierto en una con ella, y me escondo de ese rastro de luz que quiere iluminar la punta de mi nariz. Soy la nada que se olvida en el letargo de una noche invernal. Esa nada que dejó de ser en el mismo instante que decidió ser una máquina.
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Y el corazón late como un reloj... puntual.
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tic tac, tic tac, tic tac
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Always...

1 comentarios:

Lilly dijo...

Sarii... sabes q puedes plasmar mis sentimientos con los tuyos :'(

ame leer esoo, espero q feliz escribas aun mejor